Las continuas borrascas y las intensas lluvias registradas desde el inicio del otoño están teniendo un impacto devastador en el campo andaluz, especialmente en la provincia de Sevilla. Desde el comienzo del año hidrológico, el pasado 1 de octubre, se han acumulado en torno a 450 litros por metro cuadrado, una cifra que supone ya cerca del 75 % de la media anual para un año normal de riego, situada en unos 550 litros, “lo que está generando serios problemas para la actividad agrícola”, como advierte la presidenta de ASAJA-Sevilla, María Morales.
Uno de los sectores más afectados ha sido el de los frutales y cítricos. “Las mandarinas y naranjas recolectadas entre octubre y diciembre se han estropeado en un altísimo porcentaje debido al exceso de humedad”, señala Morales. Además, la persistencia de las lluvias ha impedido realizar con normalidad la siembra del cereal y las leguminosas, cultivos fundamentales que deben plantarse entre noviembre y diciembre y que son clave para cumplir con la normativa de la Política Agraria Común (PAC) en materia de rotación y diversificación de cultivos.
Como explica la presidenta de ASAJA-Sevilla, “muchos agricultores no han podido sembrar ni los cereales de invierno ni las leguminosas necesarias, lo que pone en riesgo el cumplimiento de las exigencias europeas, ya que estos cultivos aportan nitrógeno al suelo y son esenciales para la sostenibilidad de las explotaciones; aunque algunos productores lograron sembrar de manera puntual, la mayoría no ha podido hacerlo debido a la falta de ventanas de trabajo en el campo”.
Además, tras la Navidad, la situación se ha visto agravada con la llegada del frío y las heladas, que han dañado gravemente a los cultivos hortícolas y a los frutos. A ello se suma la proliferación de enfermedades fúngicas provocadas por la humedad constante. La siembra de cultivos como la zanahoria y la patata se está retrasando notablemente y la recolección se ha visto paralizada en muchas zonas.
Como explica María Morales, en municipios como Lebrija, los fuertes vientos, las lluvias y los vendavales han causado importantes daños en los invernaderos dedicados a la producción de flores, lo que compromete campañas clave como la de San Valentín.
Por su parte, el olivar también sufre importantes pérdidas: se estima que entre un 35 % y un 40 % de la aceituna se ha perdido debido a la caída del fruto y al exceso de agua. Como consecuencia, se prevé un aumento del precio del aceite de oliva virgen extra, ya que se producirá una mayor cantidad de aceite virgen y lampante.
La situación es especialmente preocupante en las zonas olivareras de Sevilla y Andalucía. ASAJA-Sevilla calcula que entre 10.000 y 12.000 hectáreas se encuentran completamente anegadas. Los trigos sembrados permanecen bajo el agua, amarillean y pierden vigor por asfixia radicular, al igual que las leguminosas. Además de las pérdidas de producción, los agricultores denuncian graves daños en los suelos, ya que las crecidas de los ríos arrastran la capa fértil de la tierra y dejan los terrenos desnivelados, obligando a costosas labores de restauración.
A todo ello se suman averías eléctricas, daños en motores, bombas y maquinaria agrícola, así como la imposibilidad de acceder a las fincas para trabajar, recolectar o preparar la tierra. Por este motivo, la presidenta de ASAJA-Sevilla hace un llamamiento a la administración para que flexibilice, por causa de fuerza mayor, la normativa de la PAC.
Asimismo, los agricultores necesitan con urgencia infraestructuras hidráulicas que permitan una mejor gestión del agua. Como denuncia Morales, “mientras se vierten diariamente alrededor de 100.000 hectómetros cúbicos en la presa de Alcalá, la cuenca se encuentra al 60 % de su capacidad y la regulación general destinada a riego apenas alcanza el 52 %, una situación que evidencia una gestión ineficaz y nefasta y provoca que los agricultores pierdan sus cosechas tanto por sequía como por exceso de agua”.




